Pretender que no puede existir lo que no se entiende es un síntoma de soberbia. Hay muchas cosas que existen y que no entendemos. Hay muchas cosas que son verdad y no las entendemos. Aquel que pretenda que sólo es verdad lo que entiende, exuda soberbia. La soberbia se manifiesta a través de muchas realidades. La incredulidad ante lo que uno no tiene evidencia aún cuando otros declaren que si la tienen, es una manifestación de soberbia. También lo es la imposibilidad de recibir o dar el perdón.
Si lo veo, lo creo
Aquí aplica el dicho popular: «ver para creer«.
La tradición narra que un día el San Agustín vio a un niño sacando el agua del mar con un balde que luego arrojaba en un hoyo cavado en la arena y observaba que ésta desaparecía. Aún así, el niño insistía en vaciar en ese agujero todo el océano. – Imposible – le dijo San Agustín. – Más imposible es querer meter en tu cabeza el misterio de la Trinidad – le respondió el niño, quien luego desapareció.
De la misma manera, en el Juan 20, 25-28, encontramos esta realidad:
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.»
Incapacidad de pedir perdón
Quien vive cercado en el rencor, tiene difícil la posibilidad de pedir perdón y de vivir la reconciliación. Vive con la ilusión del control, cree que es dueño de la vida y que la hora de su muerte es un acontecimiento lejano que vendrá sin duda, pero planificado. Esta ilusión tienta a dejar pendiente muchos aspectos importantes de la vida como lo es la reconciliación, tanto con el prójimo, como con Dios.
La posibilidad de pedir perdón solo está a nuestro alcance antes de morir. Llegada la muerte, no es posible luego pedir perdón. Es por ello que se puede quedar uno eternamente encerrado en la incapacidad de pedir perdón. Con la muerte se acaba la posibilidad de pedir perdón; quien no pide perdon antes de la muerte, no pedirá perdon despues de la muerte. Quien muere sin pedir perdon, quedará eternamente en esa condición. Sin embargo, la oración de los fieles que interceden por sus difuntos, son una valiosa posibilidad de experimentar el perdón,.
Tenemos una verdad plasmada en Lucas 16, 19-31 que nos pone frente a esta realidad:
«Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama." Pero Abraham le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros." «Replicó: "Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento." Díjole Abraham: "Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan." El dijo: "No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán." Le contestó: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite."»